El imperialismo dejó huellas en todas las colonias que dominó. No tan sólo los dominados adquirieron su lengua o costumbres, sino que imprimió sobre su territorio un estilo de vida reflejado a través de sus ciudades. Desde fines del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX una vez concretado el Reparto de África, con el Colonialismo viviendo su última fase, las herencias dejadas fueron muy distintas a las que pueden ser vistas en nuestro país o continente, ya liberado del yugo español en esos días. Estas contienen especialmente a nivel urbano planteamientos menos localistas y, en algunos casos, permiten ingresar algunos conceptos del Modernismo que podríamos considerar como un primer paso de una cultura globalizada.

 

Es así como en Eritrea, una antigua colonia italiana ubicada en el Cuerno de África, fue tratada como un campo experimental del fascismo, en tanto Mussolini buscaba constituir desde Asmara, la capital del país, su centro de operaciones para el desarrollo de un nuevo Imperio Romano. Esta ciudad interior que tenía menor poderío – en ese entonces – que el puerto de Massawa, cumplía con los requisitos para dirigir desde ella las futuras invasiones que añadirían territorios a Italia. Sin embargo, esta posibilidad de establecer un laboratorio experimental arquitectónico y urbano en medio del desierto finalizarían con la caída del fascismo en 1943, dejando un rico patrimonio cultural recientemente re-descubiertos.

 

Por otro lado, en los comienzos del fascismo en Italia las cosas aparentemente iban bien, de una forma extraña pero iban bien. No hay más que recordar que durante la década del 20 famosas revistas chilenas como Zig-Zag pedían con fuerzas un Mussolini para nuestro país y seguían atentamente todos los pasos del Duce. No obstante, no tardará ese optimismo por la ideología en decaer al ver los alcances de su dictadura.

 

Fiat Tagliero Service Station, Asmara | © Edward Denison

Pero volviendo a la situación italiana, Mussolini estaba obsesionado con la idea de restablecer el Imperio Romano, devolviéndole a Italia la capacidad de dirigir los destinos de las naciones, o al menos, de un par de colonias. Para ello, buscó transformar la sociedad y comenzó por realizar cambios desde Roma, ejecutando polémicas alteraciones al trazado de la ciudad, como también asesorándose en la conformación de un nuevo lenguaje arquitectónico distintivo de los nuevos tiempos.

 

A diferencia del régimen nazi, el fascismo fue mucho más abierto en la recepción de las vanguardias en todas las disciplinas artísticas, en especial en el campo arquitectónico, puesto que desde ella podía establecer una imagen perenne de poder que fuese visible por sus súbditos. El dictador fue un entusiasta al momento de apoyar un movimiento que construyera una identidad artística nacional, estableciendo sus bases en la comunión de valores clásicos con formalismos modernos: la llamada arquitectura fascista.

 

Si bien en Roma, teniendo en cuenta las implicancias históricas que sostienen el desarrollo del estilo, la arquitectura fascista se desarrolló de una manera más pura, estableciendo una alternativa original al modernismo, cuyos aciertos y desaciertos hasta el día de hoy pueden ser vistos en la capital italiana, como por ejemplo en el barrio EUR, localización de la fallida Exposición Universal de 1942. La influencia de este barrio es crucial y, a diferencia de Alemania, fue completado y conservado una vez que el régimen terminó.

 

Odeon Bar, Asmara | © Edward Denison

No obstante en Eritrea, en particular Asmara, la arquitectura fascista tiene un desarrollo de planteamientos más globales que locales (entendiendo como local las expresiones italianas), acercándose en muchos casos a lo que conocemos como Estilo Internacional. Sin embargo, tal como lo plantea Edward Denison en su libro “Asmara: Africa’s Secret Modernist City” (que puedes comprar en nuestra librería) son reconocibles diversas etapas de influencia italiana en el desarrollo arquitectónico. Por ello Asmara es un buen ejemplo donde es posible apreciar un panorama urbano del decurso de la historia de la arquitectura italiana durante el siglo XX, y que puede ser analizado con detención en el libro antes mencionado.

 

Esta etapa de transformaciones, cuyo mayor periodo de actividad esta comprendido entre 1922 y 1943, desarrollaron una marca innegable de la invasión italiana en este país, dejando una de las mayores concentraciones de arquitectura moderna en el mundo, junto a la Ciudad Blanca de Tel Aviv en Israel. Una vez que los italianos hubiesen salido del país, los británicos conservaron sus obras y, junto a una suerte de aislamiento constante frente a los conflictos bélicos de Eritrea, la gran mayoría de su acervo permaneció sin alteraciones.

 

Hoy en día, Asmara está siendo postulada ante la UNESCO como patrimonio cultural de la Humanidad, como un medio que permita obtener más recursos y reguardo para detener el proceso de deterioro de las edificaciones, que actualmente ya ha comenzado a ser promovido y financiado desde el Estado, el que ha visto una posibilidad de mejoramiento de su imagen internacional y de ingreso de recursos a través del desarrollo del turismo de tipo cultural.

Leave a comment