La imagen acompaña al hombre desde sus inicios, no sólo en la posibilidad de constituir nuestro entorno inmediato, sino que elaborar una visión crítica y poética de una época. Estas ideas fijas han registrado los centros y los márgenes de cada territorio, construyendo un perfil detallado de una sociedad en particular.

 

La fotografía más antigua que se conserva, producto de una exposición de ocho horas, Joseph Nicéphore Niépce, año 1826.

La fotografía más antigua que se conserva, producto de una exposición de ocho horas, Joseph Nicéphore Niépce, año 1826.

La producción de imágenes, desarrolladas históricamente por y para las élites, comenzaron a ser democratizadas a través de la invención de la fotografía surgido a mediados del siglo XIX y su posterior consolidación a lo largo del siglo XX, convirtiendo el mundo en un gran campo de lucha de diversas voces y estímulos que hoy posicionan a la imagen como la principal fuerza y medio del relato de nuestras generaciones y, posiblemente, de las venideras.
 

En ese contexto es que los constructivistas, al inicio de la Revolución Rusa de 1917, encontraron en tres expresiones las bases de un arte democrático: la fotografía, el cine y la tipografía entregaban las herramientas necesarias para que las expresiones artísticas pudieran vincularse de manera efectiva con los medios de comunicación de masas y la producción industrial. En ello la posibilidad de masificación pero sin sacrificar el contenido.

 

En dos de estas áreas se centra nuestro tema del mes: los fotolibros, espacio que por excelencia reúne la fotografía y la tipografía.
La idea de utilizar el libro como espacio de exposición de imágenes comenzó a ser utilizada desde muy temprano por artistas que tomaron la nueva técnica como un interesante y versátil medio de expresión. Podemos atender algunos casos pioneros como “Photographs of British Algae: Cyanotype Impressions” de Anna Atkins, destacada botánica y fotógrafa que en 1842 realizó el primer libro exclusivamente compuesto por impresiones cianotípicas de algas marinas, que buscaban entregar mejores herramientas gráficas para la comprensión y reconocimiento de este tipo de especies.
 

No obstante, el primer fotolibro cuya intención pavimentaba un desarrollo artístico de la nueva disciplina, corresponde a la obra de 1844 titulada “The Pencil of Nature” de William Fox Talbot, inventor del calotipo. En esta obra se compila un conjunto de obra proto-fotográfica, que buscaba demostrar las infinitas posibilidades del nuevo descubrimiento. Como lo demuestran estos ejemplos pioneros, la utilización del libro como soporte expositivo de la obra fotográfica, en un principio estuvo estrechamente ligado al desarrollo tecnológico, aprovechando las incipientes virtudes democratizadoras que impulsaba la imprenta con su desarrollo tecnológico paralelo.

Un fotolibro tiene la cualidad de guardar entre sus páginas el decurso de un proceso creativo, de gran coherencia entre imagen, contenido y continente. Es por ello que existen ciertas voces que declaran que este soporte constituye en sí mismo una forma individual de arte, que merece estudios interdisciplinarios que reúnan lo mejor de la imagen y lo mejor de los estudios del libro. Aparentemente no es fácil su abordaje entendiéndolo como una expresión fotográfica pura o como una categoría bibliográfica más, es necesario abordar su complejidad desde múltiples frentes.

La versatilidad del género ha generado una fructífera tradición que se ha consolidado históricamente en países como Alemania, Japón o los Países Bajos. Sin embargo, debido a la fuerza de la imagen como portadora del relato contemporáneo, la tradición de los fotolibros se ha expandido a gran parte del mundo, donde han surgido interesantes editoriales que han creado espacios de difusión de nuevas voces fotográficas, como también se han comprometido, en la mayoría de los casos, con un interesante trabajo gráfico en consonancia con los relatos propuestos, ampliando los límites en cuanto a temáticas y formatos no tradicionales.

Te invitamos a ver el catálogo de fotolibros de Naranja Librería, tenemos interesantes editoriales, muchas de ellas que no se encontraban disponibles en Chile, en especial algunos títulos provenientes de la innovadora escena brasileña, que ha apostado por una reinvención de los formatos y por el talento y posibilidad de internacionalización de su escena fotográfica.
Pronto más artículos y datos de fotolibros, el tema del mes en Naranja Librería.

 

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