¿Qué es un libro, y qué no lo es? Con la aparición en el año 2007 del dispositivo de Amazon, el reconocido Kindle, el mercado además de cuestionarse el fin del libro como lo habíamos conocido hasta ese momento, comenzó a preguntarse qué era un libro, o bien, qué características debía tener el continente para insertarse en esta categoría editorial. Esta pregunta compleja y casi fundacional, no parece tener a esta fecha una respuesta certera que comprenda la totalidad de sus posibilidades, mientras que las definiciones de ciertos estamentos culturales influyentes, parecen cada día estar más desactualizados.

La primera generación del lector de Amazon, Kindle, supuso una ruptura en la historia del libro que obligó a revisar la definición del objeto editorial.

La primera generación del lector de Amazon, Kindle, supuso una ruptura en la historia del libro que obligó a revisar la definición del objeto editorial.

 

Así la RAE, define el libro como un “conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen”, mientras que la UNESCO lo describe como “una publicación impresa no periódica que consta como mínimo de 49 páginas, sin contar las de la cubierta”, categorización que proviene de 1964 y cuyo afán era meramente estadístico. Como es posible apreciar, estas definiciones sólo demarcan aspectos tradicionales del objeto editorial,  no obstante parecen cada vez alejarse más de la construcción de un territorio unificado para la categoría “libro”.
La innovación en este campo que, en parte, resulta de la lucha del libro físico por no desaparecer ante el inicial impulso que tuvieron las ediciones digitales (que como sabemos parece estar finalizando o al menos menguando) ha llevado a que los formatos se diversifiquen, ampliando cada vez más los límites de qué consideramos libro y qué no, cuyas respuestas aún son objeto de discusión y estudio. No obstante, más allá de todas las definiciones que puedan intentar abordar el objeto editorial, parece que el factor común de todas sus variantes está centrado más en el contenido que en continente, o como lo define la UNESCO en una publicación de 1974, “lo que caracteriza al libro es su destino: ser leído”. Entonces aquí se encuentra la única razón que por ahora permite conectar a la infinita variedad de formatos y temáticas: la lectura.
La intención de construir una manera de leer es la que lleva o permite la experimentación en el formato, entendiendo que el contenido que permite la lectura no racae exclusivamente en el texto; hoy como nunca las imágenes fotográficas, los dibujos, las texturas entre tantos otros elementos, buscan que el acto de leer no este vinculado a un sólo sentido sino que buscan construir una situación de mayor complejidad sensitiva.
Un ejemplo de este hecho, es el fotolibro Sobre São Paulo de Claudia Jaguaribe, el cual construye a través de un formato acordeón una manera de potenciar lo panorámico de su trabajo y a su vez permita al lector, entender la imagen en su totalidad. Es así como espacio urbano monumental capturado y trabajado a través de la imagen fotográfica es tratado editorialmente a través de una lectura que lleva al contenido a expandirse en el espacio, llegar más allá de los límites de una mesa para ser apreciado en su completitud. Esa similitud o relación gráfica entre espacio metropolitano y espacio de lectura y su posterior desborde lleva a entender que el formato no es un continente pasivo, sino que llena de sentido al trabajo artístico.
 

Sobre São Paulo de Claudia Jaguaribe

Sobre São Paulo de Claudia Jaguaribe

 

Otro claro ejemplo de esto, es el trabajo de Javiera PintoCanales, donde sus obras se alejan casi totalmente de definiciones bibliográficas más duras o tradicionales, comprendiendo el objeto editorial a través de una intención declarada acerca de como la obra es visualizada en el acto gráfico-editorial de ser develado y leído; y es en esa naturaleza experimental y foco de atención centrado en la persona, que el objeto queda irremediablemente (más siempre afortunado y certero) categorizado como libro.
 

Mapa de bolsillo de una ballena (II), de Javiera Pintocanales

Mapa de bolsillo de una ballena (II), de Javiera Pintocanales

 

Esta es la época donde todos los límites editoriales parecen haberse desdibujado, y por lo tanto parece que el libro se piensa como un espacio donde las posibilidades son innumerables y el contenido parece pensarse como un acto inverso de como la arquitectura podría presentar el espacio: no como la construcción de un ambiente que cobija al cuerpo, sino  como el cuerpo desde su capacidad de leer múltiples tipos de informaciones es capaz de abrazar el objeto editorial y hacerse parte de la comunión perfecta entre contenido y continente.
 

¿Te gustó el texto? Lee también en nuestro blog “Libros raros, libros únicos” de Olaya Balcells

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