“encuadernar: 1. tr. Juntar, unir, coser varios pliegos o cuadernos y ponerles cubiertas”

(definición del Diccionario de la Real Academia Española)

 

La encuadernación tiene una historia que recorre siglos, entendiendo que el objeto-libro tenía una necesidad de orden en sus páginas a partir de un formato que se fue perfeccionando hasta llegar a la forma tradicional que hoy reconocemos sin esfuerzo.

Detrás de todo este desarrollo pasaron múltiples personas que comprendieron el libro como un objeto tecnológico y, con ello, fueron desarrollando un pensamiento y oficio que permitía responder a las necesidades de un soporte lleno de desafíos en temas de durabilidad, función y estética.

La figura del encuadernador es en sus inicios un tanto difusa, puesto que el oficio aparece en muchos casos ligado a un trabajo en completitud desarrollado por una misma persona. Así, los monjes copistas del medioevo respondían desde su oficio a la fabricación completa de todos los elementos que permitieran generar una edición bella, duradera y funcional. Y cuando hablamos de funcional es entendiendo y perfeccionando cada una de las partes anatómicas del objeto desde una visión plenamente estructural, comprendiendo conscientemente que hay ciertos usos que precisan de determinadas respuestas por parte de la estructura para asegurar su labor. Un ejemplo de ello es el surgimiento de los capiteles, que respondían al movimiento de la mano que extrae un volumen de una estantería protegiendo la encuadernación del libro.

Es por esto que un libro no puede ser tratado únicamente como un portador del contenido impreso en sus hojas, sino que debe ser entendido como un portador de cultura y un resultado de siglos de experimentación con su estructura y su uso, tan importante como un instrumento musical o una cámara fotográfica. En él se unen diversos elementos técnicos que le permiten ser un objeto inconcluso, donde siempre hay posibilidades de nuevas mutaciones y nuevos discursos.

El oficio del encuadernador no es únicamente un oficio decorativo, no busca la belleza por la belleza, sino que esta es un resultado de un estudio sistemático en el quehacer mismo, en la experimentación tangible, en la observación cuidadosa. Es un oficio técnico-estético a nuestro parecer; y también es arte, y como en todo arte siempre subyace la técnica que en muchas ocasiones al ojo del espectador se desvanece y que es necesario recordar y hacerla aparecer cada vez.

Hoy pareciera que hemos logrado desempolvar estas técnicas u oficios del libro que se encontraban en retirada debido a los importantes cambios producidos desde la Revolución Industrial, que lograron modificar los procesos en la producción del libro, reemplazando a los encuadernadores por las máquinas, y los tipógrafos por la computación.

El libro, con la máquina, transformó su definición más básica, aun cuando en su aspecto seguía y sigue resultando muy familiar. Se había destruido su visión de totalidad, transformándose en un objeto despojado de la riqueza de su historia y dejando solamente visible el contenido literario/visual que portaba…de ahí al libro digital sólo sería necesario un paso, porque cuando el objeto sólo es visto por sus cualidades creativas o de contenido, su soporte deja de ser importante, entonces puede ser reproducido de cualquier forma, por cualquier tecnología.

Creemos que estos problemas estéticos – funcionales han sido fructíferos para el resurgimiento de los oficios del libro, destacando que el soporte importa, es creativo y es tecnológico. Y señalando que la manera de que sigan siendo los libros el tipo de objeto que la historia y por lo tanto los humanos  valoramos, debe ser construida en la perfecta comunión de soportes y contenidos.

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Notas de Arte por Javiera Barrientos   

Taller de Oficios del Libro por Olaya Balcells     

 

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